A lo largo de la historia, la discapacidad ha sido un escenario que siempre ha estado presente en el entorno del ser humano. Así, “a través de los siglos su concepción y abordaje ha tenido diferentes cambios; en ocasiones con múltiples avances y en otras, con desaciertos que han sometido a la población que la posee a niveles más o menos altos de exclusión social en todas sus dimensiones sociales.”

Para empezar, debe hacerse una claridad en la terminología que se emplea para referirse a la población sorda. Constantemente se les refiere como “mudos” o como “sordomudos”, términos que no son los adecuados, ya que todos tienen el aparato fonador y por ende la predisposición de hablar. En estas personas su afectación es propia y única del sistema auditivo, por lo que debe implantarse el término de “sordo” para referirse a la persona que no escucha pero puede comunicarse por medio de la lengua de señas, incluso en sujetos pertenecientes a este colectivo ya que muchos de ellos al referirse a sí mismos, en la seña se llevan tanto el dedo índice a la oreja y a la boca, indicando que son “sordomudos”.

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Ahora bien, como todos los demás niños, los niños que son sordos o que no oyen bien necesitan cariño, atención, amistad y educación. También necesitan sentirse integrados en su familia y en su comunidad. Puesto que esos niños no pueden oír, no podrán desarrollar lenguaje sin ayuda. Y, sin lenguaje, no podrán aprender un idioma que les permita comunicarse con los demás, no podrán expresarse y tampoco podrán aprender las cosas tan fácilmente como los otros niños.

Por esto, uno de los derechos de los que no se le debe privar al niño sordo es la educación en una institución inclusiva con niños oyentes. Allí tendrá la posibilidad de aprender de forma más profunda y activa un lenguaje de comunicación que le permita socializar con otras personas, así evitando el aislamiento, la marginación y la soledad.

Pero para que ocurra esto, la familia debe buscar una institución que no le represente barreras y por lo contrario, le ofrezca todas las oportunidades y apoyos académicos que en un paradigma de inclusión se le debe proporcionar para garantizar la igualdad de oportunidades. Con esto,, el niño podrá socializar con personas sordas y también con oyentes, claro, con dificultad pero lo logrará, ya que es un mito que todos los discapacitados, y en este caso los sordos, sean “retrasados” y/o “asociales”. Así, los niños sordos logran éxitos en áreas artísticas como el dibujo, escultura y la pintura y dificultades en áreas de lenguaje y humanidades por la inadecuada planificación y desarrollo de clases y actividades que provocan desagrado a muchos sordos.