El término “biónico” tuvo una vez un significado puramente científico. Ahora, gracias a series de televisión como El hombre de los seis millones de dólares, lo primero que nos viene a la mente cuando lo oímos son imágenes de alguien saltando de un edificio a otro, levantando coches y realizando otras proezas con una fuerza sobrehumana. Y las asociamos a frases como: “Podemos reconstruirlo; disponemos de la tecnología. … Está mejor que antes. Mejor. Más fuerte. Más rápido”. Es como tratar de escuchar La obertura de Guillermo Tell de Rossini sin pensar en el Llanero Solitario.
Aunque es muy poco probable que la biónica nos proporcione alguna vez poderes sobrehumanos, sí es verdad que en los últimos 30 años se ha avanzado de forma espectacular en el campo de la tecnología protésica. Lo que una vez parecía ciencia ficción se está haciendo realidad rápidamente. Aunque las prótesis de tecnología más avanzada son sólo una réplica de las extremidades reales, la emocionante fusión entre la biónica y la protésica promete la aparición de tecnologías que mejorarán en gran medida la movilidad, el rendimiento energético y el modo de andar.

Sensores y sensibilidad: mejores prótesis gracias al avance de la inteligencia artificial
Dicen los expertos que la clave de la protésica del futuro radica en el perfeccionamiento de la inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés). La integración de la tecnología informática en los diseños de prótesis no es un concepto nuevo. La inteligencia artificial ya se utiliza en rodillas de fácil ajuste; fabricantes como Otto Bock, Seattle Systems y Endolite han realizado progresos en esta área. Las manos artificiales se fabrican ahora con sensores en las yemas de los dedos para controlar la fuerza de agarre.

Existen otras muchas posibles aplicaciones. Por ejemplo, se está realizando una investigación sobre sensores insertados en los forros para encajes, que unen la prótesis a la extremidad residual, que se adaptan automáticamente a la fluctuación del volumen corporal. Los encajes de fácil ajuste podrían hacer que la prótesis fuese más cómoda y prevenir llagas, cardenales y otras complicaciones. Una tecnología de sensores parecida a ésta también podría conseguir que los pies artificiales se tensaran y relajaran para adaptarse a la variación de la resistencia y la velocidad, y así hacer posible el uso de una misma prótesis para realizar varias actividades.

El mayor obstáculo aún por superar es reproducir la complejidad de todos los movimientos de una extremidad con el uso de la tecnología actual. Aunque se ha progresado mucho, hay varios factores relacionados entre sí que todavía tienen que solucionarse, como la fuerza, la velocidad de reacción, la amplitud de movimiento, el peso y la durabilidad. El principal objetivo a la hora de resolver estos problemas es la integración total de mente, cuerpo y máquina.

Extremidades superiores
Los brazos protésicos tradicionales funcionan con el movimiento corporal, dependen de los movimientos del cuerpo para manipular los cables que controlan la prótesis. Las prótesis mioeléctricas están controladas por señales eléctricas transmitidas desde los músculos subyacentes hasta la epidermis; estas señales se amplifican y se envían a microprocesadores que operan los motores situados en las coyunturas y las manos

Extremidades inferiores
El problema de las prótesis tradicionales siempre ha sido que el usuario hace la mayor parte del trabajo, especialmente cuándo camina cuesta arriba o en terreno desnivelado. Eso puede ser ya mismo cosa del pasado.

El fabricante islandés Össur Total Prosthetic Solutions ha firmado un contrato con Victhom Human Bionics, S.A., de Canadá, para fabricar y distribuir lo que se ha llamado “la primera pierna biónica del mundo”, un sistema protésico motorizado para personas con amputaciones transfemorales. La tecnología de la pierna de Victhom es diferente porque funciona con, no contra, el usuario. A diferencia de las extremidades inferiores pasivas, la rodilla de Victhom puede realizar tanto una flexión como una extensión activa, lo que la hace más eficaz desde el punto de vista energético y permite un modo de andar más natural.

Los sensores situados en los zapatos de la persona transmiten señales a la computadora de la rodilla, lo que reproduce una forma de andar adecuada. Tanto si desea subir escaleras como caminar rápida o lentamente, sentarse o ponerse de pie, identifica la señal en tiempo real.