Poco más de cinco millones de adultos mayores mexicanos presentan alguna forma de discapacidad; entre ellos, más de 500 mil viven en situación de dependencia. En los próximos años, el reto será progresivamente mayor, ya que este número será creciente en paralelo al envejecimiento poblacional y la presencia de enfermedades crónicas, así como de lesiones, en particular las asociadas a las caídas. Estos son algunos de los hallazgos principales de la Encuesta Nacional de Salud 2012 (ENSANUT 2012).

Las personas con discapacidad están expuestas a: desenlaces desfavorables, una menor participación económica y mayor empobrecimiento. En parte ello obedece a los obstáculos que dificultan el acceso a los servicios de la salud, pero también a la educación, el empleo, el transporte, o la información (OMS
2011. Informe Mundial sobre la Discapacidad).

Estas dificultades se acentúan en las comunidades más marginadas; donde la pobreza favorece la discapacidad y a su vez la discapacidad incrementa el empobrecimiento de los afectados y sus hogares. Para la atención de la dependencia, los pocos servicios de salud disponibles, en los que prevalece un enfoque reactivo, y
dependiente de la tecnología, son insuficientes e inapropiados. La escasez de instituciones y programas públicos de cuidados de largo plazo, hacen que se traslade gran parte de la atención y cuidados a los hogares. Esto se refleja en la estimación de la Cuenta Satélite del Sector Salud 2008-2010 (INEGI 2011), donde el análisis de la estructura del PIB ampliado del sector salud para el año 2010 demuestra cómo el trabajo no remunerado en salud representa 19.0% del total, porcentaje similar a los servicios hospitalarios (20.7%) y más de la mitad de lo que representan
los servicios ambulatorios (28.1% del total).

La ENSANUT 2012 incluyó por primera ocasión un módulo específico para la evaluación de adultos mayores (AM) que incluye información sobre discapacidad y dependencia.

• La discapacidad es un problema de salud pública entre los AM; casi la mitad de ellos (47.8%), lo cual representa más de 5.1 millones de ancianos, sufren de alguna forma de discapacidad.
Cifra semejante al 46% reportado por la OMS para AM en países de bajos ingresos (46%).
• Las mujeres, los AM más viejos, los más pobres y aquéllos con menor escolaridad son los que presentan una mayor
prevalencia y severidad de la discapacidad.
• 26.8% de los AM evaluadosreportó tener alguna limitación para realizar actividades de autocuidado (caminar, vestirse, levantarse de la cama o bañarse); y el porcentaje más alto se encontró entre los sujetos de 80 años y más (47.6%). Lo cual determina que al menos uno de cada cuatro AM requiere de ayuda para las actividades del diario vivir. Las principales limitaciones encontradas fueron: funcionales (22%), cognitivas (18%) y visuales (16%).
• 82.3% de los AMM reportaron ser derechohabientes de alguna institución pública: 40.6% deI MSS, 29.9% del Seguro
Popular, 10.2% del ISSSTE y 1.6% reportaron afiliación a otras instituciones públicas. Sin embargo, 16.6% de los
AM reportó no pertenecer a ningún esquema de derechohabiencia; dentro de este grupo, 17.2% presenta alguna
forma de discapacidad.
• El 5% de los AMM (más de 500 mil) presentan una condición de dependencia total para su autocuidado, por lo que
requieren de un cuidador permanente en el hogar.

Cuidados de adultos mayores

Recomendaciones
Las condiciones en que transcurre el curso de vida determinan el estado de salud, el envejecer y, eventualmente, la
discapacidad. Para prevenir la dependencia es necesario identificar los determinantes de las distintas trayectorias en el proceso de salud-enfermedad-envejecimiento, sobre el cual los determinantes sociales y económicos ejercen una marcada influencia. Para preservar la autonomía y la calidad de vida al envejecer debemos intervenir sobre los determinantes de la discapacidad y suprimir los obstáculos que impiden el acceso a un cuidado digno. Además del soporte económico, necesitamos promover el envejecimiento sano y activo a través de educación y acceso oportuno a las subvenciones y servicios; sólo así será posible prevenir, o al menos diferir o mitigar, la discapacidad
y la consecuente dependencia. El escaso éxito hasta ahora obtenido con estrategias poco estructuradas e integradas; y el predominio de estrategias informales para hacer frente a la dependencia, evidencian la necesidad de avanzar hacia un sistema formal de cuidados de largo plazo. Para ello, es necesaria la participación activa de diferentes sectores (salud, educación y desarrollo social), así como la incorporación de organizaciones de la sociedad civil, del sector privado y de los AMM en su conjunto y sus familias.

Se debe subsidiar directa o indirectamente a quienes asumen el rol de cuidadores, capacitarlos médica y psicológicamente para afrontar el desafío. A la par, se deben desarrollar y generalizar programas comunitarios y de atención domiciliaria dirigidos a este sector de la población. Sin duda, las iniciativas ya en curso, tales
como las visitas domiciliarias y los proyectos para el desarrollo de centros comunitarios polivalentes para AM con dependencia leve y moderada,5 así como la creación de un sistema de cuidados de largo plazo y ayuda domiciliaria con mayor cobertura para AM con dependencia severa, son medidas que, a la luz de los datos presentados, cobran particular sentido. En el diseño de estas acciones, y en la programación presupuestal, deben ser consideradas
las impactantes proyecciones del crecimiento de la población de AMM. El financiamiento debe ser una carga compartida por el gobierno federal, presupuestos gubernamentales regionales y la sociedad civil.