Las deformidades de los pies en los niños son un motivo frecuente de consulta con el pediatra: pies planos, cavos, zambos.  Aunque algunas de estas deformidades se detectan al nacimiento, en la mayoría de los casos se harán patentes a partir del año de edad, cuando el pequeño comienza a caminar, y los padres deben estar especialmente atentos en este momento, porque si el problema no se corrige a tiempo puede tener consecuencias negativas para la salud de su hijo.

Los pies son esenciales para poder ejecutar nuestras funciones diarias: nos permiten el apoyo del peso del cuerpo y el desplazamiento. Aunque pocas veces pensamos en ello, el pie es un complejo entramado de huesos, músculos y tendones, en el que cada una de sus partes tiene una función específica, de cuyo equilibrio depende que podamos andar con normalidad.

Si alguna de estas partes se altera y afecta al conjunto del pie, su función puede verse perjudicada, dando lugar a problemas al andar. Cuando el niño está aprendiendo a caminar y lo hace de forma inadecuada porque tiene algún problema en los pies, se sobrecargan algunos grupos musculares de las piernas, y hasta de la espalda, pudiendo producir alteraciones de la marcha, e incluso escoliosis (desviación de la columna).

Una idea muy arraigada es que los zapatos pueden ayudar a modelar adecuadamente los pies y los preparan para alcanzar una funcionalidad óptima. Por ello, es frecuente que los padres compren a sus hijos de pocos meses de edad los zapatos más caros del mercado pensando que así van a ayudar a que el niño ande mejor. Sin embargo, la mayoría de traumatólogos tienen una opinión distinta: el desarrollo óptimo de los pies se consigue en un entorno en el que no se use calzado, aunque las circunstancias sociales en las que vivimos hacen que esto sea prácticamente imposible.

La deformidad más frecuente de los pies en los niños es la de pies planos, seguida por los pies cavos. Si detectas que tu hijo tiene una forma extraña de caminar, gasta de forma rápida la suela de los zapatos, o se queja de frecuentes calambres, consulta con el pediatra. En la mayoría de consultas disponen de un aparato llamado podoscopio en el que se observa claramente la forma de la planta del pie y se puede hacer un diagnóstico más preciso.

Muchos especialistas consideran que las plantillas correctoras y los zapatos ortopédicos no son siempre efectivos, ya que suplen la función que no hace el pie, pero no lo ayudan a cambiar por sí solo. Hace unos años era muy frecuente que los niños utilizaran plantillas en los zapatos, pero la tendencia actual es la contraria, y se usan cada vez menos y sólo en los casos más importantes. Las plantillas para pies planos incorporan un refuerzo que favorece la creación de un arco en la planta y, por el contrario, las plantillas para pie cavo aplanan la planta del pie.

En el caso de los pies planos, hay una serie de ejercicios sencillos que consiguen que el pie del niño se vaya fortaleciendo por sí solo. Caminar descalzo sobre la arena, o sobre cualquier terreno blando, ayuda al pie a hacerse más fuerte, a tonificar músculos y ligamentos, y a conseguir la garra que le falta. También es bueno bailar, correr, o montar en bicicleta. Sólo un 2% de los pies planos infantiles requerirán tratamiento quirúrgico, que se reserva para los casos más graves en niños mayores de 10 años.

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Principales tipos de deformidades de los pies en los niños
Aunque existen muchos tipos de deformidades en los pies, nos centraremos en las más frecuentes: Pies planos, Pies cavos y Pies zambos.

Pies planos: consiste en la pérdida del arco natural de la planta del pie, de forma que lo que se apoya es toda la planta. Todos los bebés nacen con los pies planos, ya que el arco plantar no se desarrolla hasta los 2 o 3 años, cuando ya llevan más de un año caminando. Por lo tanto, en un niño menor de esta edad con los pies planos no hay que hacer absolutamente nada, ya que es lo normal.

La causa del mantenimiento del pie plano más allá de esta edad es la debilidad muscular y excesiva laxitud de los ligamentos que forman parte del pie. Los niños pueden tener síntomas como calambres musculares y dolor en los gemelos, por sobrecarga al caminar. Notaremos también que son niños que desgastan la suela de los zapatos muy rápidamente. Ante la aparición de estos síntomas es conveniente consultar con el pediatra, que valorará si es necesario o no un tratamiento específico.

Pies cavos:  en este caso ocurre lo contrario que en el pie plano y el arco de la planta del pie está excesivamente marcado, con lo que el niño apoya sólo la parte anterior y posterior del pie. La causa es una hipertonía de los músculos que ejercen tensión sobre la bóveda del arco plantar, haciéndolo muy acusado. Los síntomas que provoca son cansancio al caminar y al estar mucho rato de pie. Este tipo de alteración suele detectarse en la edad escolar y siempre se ha de consultar con un especialista, porque puede ser la manifestación de alguna enfermedad muscular más importante.

Pies zambos:  es una alteración menos frecuente pero más grave que las anteriores, y que suele verse ya desde el nacimiento. Es una malformación en la que los pies están completamente doblados y rotados, con las plantas mirando hacia la línea media. Si no se pone remedio pronto, el niño es incapaz de caminar porque no tiene superficie de apoyo en el pie. Tiene origen genético y suele asociarse a otras alteraciones, como displasia de caderas y trastornos del sistema nervioso. En este caso, el tratamiento debe iniciarse pronto y suele requerir vendajes, distintos tipos de férulas y zapatos ortopédicos, e incluso cirugía para una corrección completa, que no siempre se consigue.

FUENTE

webconsultas.com